Cómo ser una mujer competitiva

(Tomado de: http://www.mujeractual.com/trabajo/relaciones/competitiva.html)
“Cuando yo me examiné a mí mismo y a mis métodos de pensamiento, llegué a la conclusión de que mi imaginación ha significado más para mí que mi inteligencia”. Esta es la conclusión a la que llegó Albert Einstein cuando echó la vista atrás. Y es que la creatividad, junto con las habilidades sociales, el pensamiento crítico y la persuasión son algunas de las armas de las que disponemos para llegar a triunfar en la profesión que hayamos elegido. Usarlas o no hacerlo, puede marcar cada uno de los pasos que demos en el camino que nos lleva a las metas que nos hemos marcado. Aprender a sacar provecho de ellas es todo un arte.
Mujer trabajando
La única manera de ser competitiva, no sólo en la vida profesional sino también en la vida personal, es derribar todas las barreras que nos autoimponenos.
La única manera de ser competitiva, no sólo en la vida profesional sino también en la vida personal, es derribar todas las barreras que nos autoimponenos y que impiden el desarrollo de nuestra creatividad.
La educación recibida por muchas generaciones de mujeres se ha centrado en enseñar a encontrar la respuesta correcta, por lo que existe poca práctica y entrenamiento en generar una cantidad significativa de posibles respuestas que nos pueden llevar a ideas creativas. Afortunadamente, la mujer posee la cualidad de no tener una fe desmesurada en la lógica, que aplicada con excesiva antelación en el proceso de generación de ideas acaba por cerrar los caminos a los pensamientos que pueden producir ideas inusuales y diferentes a las del resto.
Las reglas son importantes pero ocasionalmente necesitan ser dejadas de lado para encontrar nuevas vías de expresión, nuevos caminos, que permitan solucionar viejos problemas. La capacidad de improvisación es una cualidad muy apreciada cuando se quiere triunfar, así como también lo es la rapidez. De ella y de olvidar, aunque sólo sea por unos instantes el sentido práctico de la vida, nacen ideas que aunque no parezcan viables en un principio, pueden llegar a transformarse en resultados y ganancias si no son eliminadas demasiado pronto.
Para ser competitivo es necesario apartar de la cabeza el miedo a cometer errores. Destacar requiere dar un salto, asumir riesgos que puede que nos lleven al fracaso. En cualquier caso, cualquier equivocación debe ser considerada como un paso, como una manera de superarse. No hay que olvidar que la presunción de conocimiento también aparece ligada al concepto del riesgo desde el momento en el que se convierte en un muro que cierra al individuo ante cualquier nueva aportación.
Sin embargo, progresar no depende únicamente de la relación de uno consigo mismo, también de la capacidad que el ser humano tiene para interactuar en grupo. De hecho, las habilidades sociales son consideradas cada vez más como un factor primordial para conseguir el éxito, sobre todo si se tiene en cuenta que las reuniones sociales son una parte importante del quehacer de un trabajador, independientemente del cargo que ocupe. Ellas son una ocasión para relajarse con los viejos amigos, encontrar nuevos clientes, buscar y sellar negocios. Si se rompen las reglas “ocultas” de comportamiento, fácilmente puede uno sabotearse a sí mismo.
Los mayores errores en estos casos suelen manifestarse a través del lenguaje corporal. Por ejemplo, dar un apretón de manos débil, que suele denotar inestabilidad e inseguridad; no mantener el cuerpo erguido, algo que se entiende como una falta de interés; fumar incluso cuando está permitido hacerlo si hay gente que no lo hace; no usar chaqueta; acercarse demasiado invadiendo el espacio vital del otro; hablar demasiado alto haciendo pensar que se es dominante; o algo tan poco significativo como poner la mano sobre el hombro de la otra persona cuando apenas acaban de ser presentados.




